PRECARIO CORAZÓN DE LA PALABRA
Mi corazón, marchito por la prosa,
envejeciendo está y envejeciendo
a su vez la palabra que se posa
en la página blanca va muriendo.
Y muerta al fin esa palabra mía,
¿qué voy a hacer? ¿Qué puedo, abandonado,
hacer si ya no tengo la poesía
y siento el viejo corazón cansado?
Dame, te lo suplico, fuente antigua,
precario corazón de la palabra,
siquiera unas sutiles resonancias
que acerquen a mi voz la voz exigua
que quiebre y ame, turbe, tiemble y abra
la sombra residual de tus distancias.
1 comentarios:
La fuente antigua que a tu padecer
pudiera alimentar no ha marchitado;
sentila sin ambages en la pausa
inesperada, inadvertible, que
olvida los pesares y las penas.
(Lástima, ¿no?, esas pausas no se dan a propósito, justamente. Un abrazo.)
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